Trabajando duro

Después de algunos descansos veraniegos, ya estamos con las actividades de Salvi a pleno. La pileta de hidroterapia cerró unos días en febrero y ya retomamos. Él sigue encariñado con el primer profesor que tuvo, y lo prefiere por sobre todos los otros, así que tuvimos que acomodar el turno para que coincidan. Más allá de lo que signifique darle el gusto, tengo que tratar de respetar sus preferencias en algo tan especial como es llevarse bien con un terapeuta. A Salvi le proporciona mayor disfrute y aprovechamiento de la terapia, y a mí la seguridad de que quien lo trabaja dentro del agua tiene el feeling de cambiarle el malhumor y desgano con que ayer llegó al agua (está un poco resfriado), por carcajadas de puro gusto.
Por otro lado, en febrero comenzamos con fonoaudiología y kinesiología en el instituto al que lo llevé hasta que cumplió los 3 añitos, y cambiamos por ABR (ahora REB).
Respecto a kinesiología, la premisa era que nos pusiéramos de acuerdo en seguir trabajando dentro de los lineamientos de lo que hemos elegido para él hace ya cinco años, que uniéramos nuestros esfuerzos y sumáramos horas, por lo que el terapeuta elegido debía estar dispuesto a esto. La primer kinesióloga pensada, finalmente no se sintió segura de trabajar de esta manera, pero encontramos a otro, que conocía algo de este método (lo más gracioso que no a traves de nosotros, sino de otro paciente!) y se predispuso a la tarea de muy buen grado. Cuando nos encontramos por primera vez, me dí cuenta que la elección era la acertada. Lucas es un hombre corpulento, joven y simpático, justo el tipo de persona que a Salvi le gusta (tiene predilección por el trato masculino, más directo, más rudo si se quiere, supongo que tiene cubierta la cuota de femineidad con tanta enfermera y terapeutas con los que lidió los primeros tiempos). Ya llevan varias sesiones juntos, y la pasan muy bien. Genial.
Con la fonoaudióloga la cosa es diferente. Claro que esto es más difícil por muchos motivos. Uno bien importante es que la marca a batir la impuso Cecilia, nuestra querida amiga, y ademas fono de Salvi durante años. Supongo que para él dejar que otra ocupe su lugar es como una traición. Hasta ahora, por ejemplo, no ha aceptado que ella le dé de comer ni una sola cucharada. Este es otro de los motivos: Salvador es como un perrito bien entrenado: sólo acepta comida de la mano del amo, o sea, mamá, papá, la abuela. Para darle de comer hay que hacerse digno de su confianza. Paciencia.
Eso en cuanto a lo funcional del comer. En cuanto a lo comunicacional, hay más aceptación de la nueva fono, Macarena, porque allí empiezan a participar los chiches tecnológicos que tanto le gustan. Switches, juguetes musicales, computadora, iPad. Como Agustín todavía no empieza las clases y ha estado acompañando a Salvi al instituto, me cuenta que esta parte de la sesión el señorito colabora, aprieta el botón cuando quiere que siga la canción, elige la imagen adecuada, etc. Vamos mejor por ahí.
Respecto a mí y a REB, estamos ya a las puertas de un nuevo entrenamiento, otra vez en Mendoza, claro, gracias a no poco esfuerzo, pero muy contentos. Ya falta menos de un mes, la organización tiene todo bajo control, y sólo nos resta seguir con la difusión, para que otras familias puedan conocer esto y disfrutarlo tanto como nosotros.
Con ese objetivo, tuvimos la alegría de que nos hicieran una nota hermosa en el diario digital más leído de Mendoza. Lo mejor de todo es que la entrevista se excedió y mucho, de la mera información periodística y nos hicieron un reportaje entrañable, muy cálido. Encontramos un espacio muy lindo donde hacerlo, que dió lugar a imágenes con mucho color. Gustó muchísimo a todos, nos encantó a nosotros hacerlo.
Les dejo el enlace aquí: Canción de amor a Ciro y Salvador de Ulises Naranjo
Cuando estábamos hablando con Ulises, el periodista, en un momento nos preguntó a Macarena, la mamá de Ciro (llevan casi 6 meses con este tratamiento), y a mí, por qué habíamos elegido hacer esto, o qué lo diferenciaba de otras terapias. Por un momento me costó pensar una buena respuesta. Será que llevamos ya tanto tiempo de haber tomado y confirmado la decisión que ya no me puedo imaginar haciendo otra terapia.
Si se busca en la página de REB, hay algunos motivos posibles.
Pero si lo pienso yo, ahora en frio, y siguiendo la moda de explicar todo en pocos puntos, diría:

  • Porque mi hijo no sufre al hacerle la terapia. No, mejor dicho, porque mi hijo disfruta cuando le hago los ejercicios. 
  • Porque lo disfruto yo. Elijo el momento, estoy en mi casa, no tengo que cambiarme, ni salir, ni viajar.
  • Porque los cambios se ven, se notan, pueden documentarse con imágenes. 
  • Porque los cambios los ven también los demás, los que no saben de esto, los que no entienden, pero ven cómo se sienta mejor, se da vuelta, mueve sus manos, sus brazos y sus piernas. (Esto es muy importante, porque quiere decir que no es mi imaginación ni mi buena intención)
  • Porque no lo pongo en peligro, no lo inyecto con veneno, no lo medico.
  • Porque me permite decidir, cuánto, cuándo, dónde. Porque me hace responsable, me involucra. 
  • ...si sigo ya no serían unos pocos puntos, y quizá piensen que yo soy fanática (!)
Como conclusión, comparto aquí una de las hermosas fotos que nos sacaron para el reportaje, que creo que resume lo que quise decir al hablar de la elección del tratamiento: con conocimiento y compromiso se eliminan los miedos, y sólo sin miedo puede haber tanta alegría:


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