Refrescando los menúes

Mi hijo está desganado con las comidas. Hacerlo comer se ha convertido en un trabajo duro. A no ser de que se trate de alguno de sus favoritos (un yogur o un postrecito), el resto de las comidas son una pelea, con manotazos, boca cerrada, enojos de su parte y de la mía...
Negociamos (aunque sé que no es bueno) sobornandolo con los dibujos favoritos en la tablet, bien enfrente suyo, para que coma lo que debe. Y aún así, no come todo lo que comía.
Seguramente es una molestia pasajera, quizá digestiva, quizá al tragar, como algún dolorcito propio de los resfríos de temporada.
El hecho es que, como siempre, me planteo que si además de la posible molestia, no haya un cansancio de los sabores de todos los días, o que tenga ganas de comer otra cosa que lo que a mí se me ocurrió darle hoy (por esto también es taaan importante la comunicación)
Hace unos días me acordé cuánto le gustan las remolachas, y aprovechando la temporada compré algunas. Hoy, en lugar de darsela fría (como ensalada), la rallé, la procesé con palta (otro de sus favoritos), sal, aceite de oliva y una cucharada grande de crema y la convertí en salsa para fideos:



¡Qué gusto me dió verle la cara al probar la primera cucharada!!! Feliz, feliz estaba mi enano. No hizo falta tablet, ni soborno alguno. Y se terminó todo el plato, como hace días que no hacía.
O se le pasó el supuesto malestar o le dí en la tecla con el cambio de sabores (sí, lo admito, hace mucho que no había variaciones en las comidas)
Un datito comercial, para las mamás que estén en la misma situación que yo, que sus hijos no pueden comer fideos muy grandes: los Knorr (cabello de ángel, municiones, ave maría) son del tamaño ideal y se hacen muy rápido. 

                                      

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