Un entrenamiento más

Hace mucho, mucho que no escribo, Tenía toda la intención de avisar con tiempo que estábamos por entrenar nuevamente, y nuevamente aquí en Mendoza. Hubiera querido contarles de los preparativos, de la previa, de la ansiedad que siempre hay.
Y no pude. Porque cada vez tengo menos tiempo para cada cosa que hago (y otras que quisiera hacer) Hemos logrado en casa una rutina demasiado ajustada, atada con hilitos muy finitos, y cuando uno de ellos se corta, todo se viene abajo. Y en ese esquema, incluso, en estos últimos seis meses, me ha costado establecer un horario para los ejercicios de rehabilitación, tengo que ser sincera, esa era la variable de ajuste. Si había un ratito extra, se lo dedicaba a los ejercicios. Pero muy rara vez había un ratito extra.
Lo único que me dejaba tranquila era que nuestro kinesiólogo del instituto, le hace un par de horas semanales de REB.
Lo más sorprendente y maravilloso de todo, es que Salvador ha seguido su evolución como siempre. Quizás sean las horas de ejercicios acumuladas en su cuerpo, quizá su propia voluntad al intentar hacer cosas. El hecho es que aún habiendo crecido tanto (se ha estirado demasiado), de la luxación de caderas que ahora se ha hecho evidente, sus logros motrices siguen mostrándose cada día.
Creo que esto ha hecho que este entrenamiento haya sido más importante para mí que para él. El saber cómo un poquito de estimulación correcta y adecuada, que un granito de arena de mi parte desata una cascada de efectos beneficiosos en él, me ha hecho, en cierto modo, querer volver atrás. Atrás al punto cuando comenzamos este tipo de rehabilitación, cuando fue una obsesión para mí querer saber si nos iba a resultar, y dedicarme con alma y vida a hacer tres horas diarias de ejercicios, así fuera en la madrugada, mientras él dormía, y yo me fuera a trabajar casi sin haber dormido.
No voy a hacer esa locura de nuevo, ya estoy más viejita, ja, ja, y el cuerpo no creo que me de para esos excesos. Pero sí tengo mucho entusiasmo en ponerme firme y rutinaria en el mejor sentido de la palabra. El entrenamiento terminó el domingo, y el lunes inauguré mi cuaderno de anotaciones, con todos los ejercicios que fuimos haciendo (llevo cinco días, y en todos hay algo anotado!!!)
Algunos ejercicios nuevos son muy diferentes, que incluyen momentos de juego, libertad, improvisación. También hay de los viejos, para variar, para reforzar, para no hacer todos los días lo mismo. Y esta vez, además tengo todo un plan de trabajo, que además de los ejercicios activos, incluye pasivos, estimulación de la propiocepción, algún que otro cambio en la alimentación.
Para completar, estoy agregando desde hace muy poquito un trabajo aprovechando su propia motricidad, toda una novedad por estos lados, pero que complementa muy bien el método REB.
De todo esto que les cuento, tengo mucho para mostrar, videos y fotos, que prometo para la próxima.
A todo esto pareciera que mi día necesitaría de unas horas extras para poder completarse.
Justamente, hace unos días, comentando con madres amigas que tengo que aplicarme al tema de buscar escuela para el próximo año, una de ellas me preguntó en qué me podía ayudar. "No sé, dije, agregándole horas a mi día??"
A veces es decir las cosas para que sucedan: esta semana en mi provincia se sancionó una ley para que a las madres de hijos con discapacidad que trabajen en la administración pública (mi caso), se les reduzca la jornada laboral, con el fin de que destinen ese tiempo a lo que necesiten sus hijos.
Salvador y yo estamos felices con esta noticia.


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