27/5/11

ABR Argentina. Un poco de historia

Siempre tuve interés en saber de qué manera se habían ido dando las cosas para que hoy en día podamos disfrutar esta terapia de avanzada en nuestro país. Me resulta raro que algo que está muy por delante de todo lo que se hace en rehabilitación por estos lugares, pueda hacerse aquí en Argentina, sería más "normal" que no existiera aquí y que sólo los que pudieran, tuvieran que hacer miles de kilómetros para poder acceder a ABR.



Las historias de las familias que hacemos ABR son parecidas. En todas interviene la casualidad: "un día lo ví por internet, buscando otra cosa; me encontré casualmente con una familia que me lo comentó..." (Nota: a los papás especiales muchas veces nos dan "datos reveladores", que aunque muy bien intencionados, muchas veces o no se aplican a nuestros hijos, o son inalcanzables, etc, etc.) Sin embargo, todos compartimos que al habernos enterado de ABR, todos sentimos un ALGO indefinido que nos dice: "ESTO ES".



Y más tarde o más temprano, la ilusión se concreta, y antes de darnos cuenta estamos ya entrenando, aprendiendo y aplicando la técnica, y lo que es mejor, disfrutando de los resultados.



Mi intriga era saber qué es lo que movilizó a una familia a hacer viva esta posiblidad para todos nosotros, los más de 150 "ABR Teams" de Latinoamérica actuales.



En nuestro último entrenamiento en Rosario, tuve posibilidad de conversar con Nora Pellejero, la iniciadora de esta realidad, y pude entender al fin por qué hizo lo que hizo.



Marcos, el nieto de Nora, llevaba ya varios años de distintos tratamientos de rehabilitación, con estancamiento en los resultados en la parte motriz, como tantos niños con lesiones cerebrales moderadas o severas. Silenciosamente, Nora buscaba ese ALGO MÁS QUE TIENE QUE EXISTIR...eso que todos los papás buscamos para nuestros hijos. Cuando encontró en Internet un foro de padres que practiban ABR en sus hijos, niños como su nieto, estuvo meses leyendo sus testimonios sobre los resultados que obtenían. Cuando al fin se animó a contarles a los papás de Marcos, ellos reaccionaron con prudencia, y hasta un muy comprensible escepticismo. Sin embargo, decidieron hacer un intento, quizá movidos porque la información que conmovía a Nora provenía de padres como ellos, no era la propaganda de ningún "vendedor de milagros".



Partieron a Canadá en octubre de 2005, allí Marcos fue evaluado por Leonid Blyum y recibieron su primer entrenamiento. Volvieron desconcertados, todo era muy distinto de todo lo que habían escuchado y visto por años. Y para completar, les dieron perspectivas claras, les dijeron qué cambios iban a ver y cuándo. Comenzaron a trabajar en casa, y los pronósticos comenzaron a cumplirse ante sus propios ojos asombrados. La segunda evaluación fue contundente: aún antes de haber cumplido 6 meses de trabajo, Marcos logró mejorías que no habían obtenido en años de otras terapias.



Y allí comenzó a gestarse lo que es ABR Rosario hoy. Los Pellejero sabían que viajar dos veces al año a Canadá era demasiado complicado y costoso. Además, su entusiasmo hacía que quisieran que más personas pudieran acceder a esta terapia. Nora contactó entonces a la Directora del ABR Center de Montreal, Annie Lachaud, quien le informó que si se reunían 9 familias dispuestas a comezar, podrían mandar entrenadores a Argentina.



El diario La Capital publica una nota sobre el tema, y Annie viaja para dar una charla informativa, quizá pensando en esas 9 familias.




El poder de convocatoria superó ampliamente las expectativas. Los asistentes a la charla fueron más de 300, y las familias que finalmente recibieron el primer entrenamiento en Rosario, fueron diecinueve. El entusiasmo conque estos pioneros apoyaron el proyecto, basados en los resultados que todos fueron obteniendo, afianzó la sede Rosario como satélite. Al año siguiente se agregaría un turno de entrenamientos en Buenos Aires, en 2010 Santiago de Chile, y en 2011, Colombia.
Hoy, la sede Rosario es un lugar cálido, de ambiente familiar, contenedor y amigable. Todo está perfectamente organizado, con la atención personal de Nora y Adriana, la mamá de Marcos. Además de entrenar familias, se forman nuevos entrenadores.
Cuando le pregunté a Nora por qué hacía todo esto, por qué seguía tan involucrada, dedicándonos tanto tiempo a las familias, cuando se podría haber quedado tranquila una vez que había logrado que ABR estuviera en Argentina, disponible para su nieto y que otros se encargaran de la organización, se le llenaron los ojos de lágrimas.
Me contó emocionada como había visto familias bajando de transporte público para asistir a la charla de Annie, buscando ese milagro que ellos habían encontrado para su nieto, familias que probablemente por lo económico no podrían acceder. Y sintió que debía hacer algo para que más y más personas pudieran aspirar a una mejor calidad de vida.
"Yo quiero que otros niños tengan la posibilidad de estar tan bien como mi nieto, siento que hago mi parte ayudándolos", me dijo.
Pienso que Nora encontró un motivo para vivir, un sentido para su vida, y que fue acercarnos ABR a familias que no podríamos viajar a Canadá para un tratamiento de rehabilitación. Cada uno de nosotros verá en qué forma podemos hacerlo accesible a otros: dando difusión, luchando por el reconocimiento de esta terapia por parte de las obras sociales, etc.
En ABR hemos encontrado mucho más que una terapia de rehabilitación: hemos encontrado una clase especialísima de personas, comenzando por toda la familia de Nora y Adriana, y siguiendo con cada entrenador que hemos tenido; con Silvina, la responsable de la sede Buenos Aires, y concluyendo con cada niño y cada familia que hemos conocido en los entrenamientos, o virtualmente, en el foro de padres que compartimos.
Pertenecer a esta comunidad es bien parecido a una gran bendición.

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