Relato de la erupción

Este blog se ha convertido en mi "cuaderno de anotar la vida", como los de Clara de La casa de los espíritus de Isabel Allende. Como voy anotando en él la mayoría de las grandes y pequeñas cosas que nos acontecen, sobre todo de los chicos, me sirve de consulta a mí misma, para recordar algún detalle de alimentación, enfermedad, fecha, acontecimiento, etc. Me sirvió hace unos pocos días, durante la erupción que hizo Salvador, para recordar como había sido la de agosto.
Así que aquí va para la bitácora el relato de esta última enfermedad del año (decretado ahora mismo. Cúmplase.)
Esto empezó un lunes. A la siesta, cuando fui a cambiar de ropa a Salvador, noté varias ronchitas en su cuerpo, sobre todo en la zona del abdomen. Separadas entre sí, recordaban vagamente la varicela, aunque no eran tal como yo la guardo en mi memoria. Además no tenía fiebre ni ningún otro síntoma. Llamé al consultorio del pediatra, que como siempre, tenía todos los turnos completos hasta la noche. Así que decidí llevarlo a la guardia del hospital, para ir avanzando. La médica de guardia, ante esos pocos signos, me dijo que seguramente era algo viral, y que debía estar atenta a que apareciera alguna otra cosa, como para volver a consultar.
Todo siguió sin muchos cambios, por dos o tres días. Más que desaparecer, parecía que las manchitas comenzaban a ser más abundantes. Sumemos a esto que el jueves aquí la temperatura llegó a 40º C, cosa que a cualquier rush le viene más que bien. El viernes lo llamé al pediatra, y como se encontraba de guardia en neonatología del hospital, y lo de Salvi seguía sin tener más síntomas que las manchas, sólo nos limitamos a contar por teléfono lo que yo veía y lo que él pensaba: que sí, podía ser algo viral, ya que es la época ideal para esto, pero que además podía haber alguna reacción alérgica. Me sugirió que le diera el antialérgico más común, durante el fin de semana, y se lo llevara el lunes siguiente para verlo.
Eso hice, pero además, olvidé hacer algo de dieta antialérgica (suprimir frutillas, colorantes, tomate, pescado, chocolate, etc.) Le di frutillas dos veces, y el suplemento que de vez en cuando agrego a sus meriendas, que siempre compro el de vainilla, Dios sabe por qué, se me ocurrió justo cambiarlo por el de chocolate. El resultado fue que literalmente se llenó de ronchas. Ya todo el cuerpo cubierto, espalda, tórax, abdomen, brazos, piernas, incluso el cuello y avanzando hacia la cara.
De modo que 7 días después de las primeras manifestaciones, lo vió su médico, algo que debería haber hecho el primer día, en lugar de creer que gano tiempo yendo a la guardia.
Ahora el abanico era más amplio:  si bien todavía podía ser algo viral, también cabía la posibilidad de que la causa fuera bacteriana. Además la manifestación alérgica podría deberse a los alimentos, a los mismos gérmenes o al anticonvulsivo que toma desde hace años, y que a veces hace este tipo de reacción. Obviamente, esa era la peor opción. Cambiar un anticonvulsivo no es fácil.
La solución al dilema tuvo que llegar análisis de sangre mediante. El martes ya tuve el primero de los resultados, el cual indicaba que algo alérgico había. Recién el miércoles tuve todos los resultados. Fue gracioso que salió la viróloga a entregármelos, con la cara preocupada, diciéndome que "al gordito le dió positivo una bacteria" y yo le sonreí de lo más feliz, (porque no era el anticonvulsivo). Le tuve que explicar toda la situación a la pobre mujer, para que no creyera que estaba tan loca. Recién allí, tomando un antialérgico más fuerte y el antibiótico adecuado, comenzó la mejoría. De a poquito, muy lentamente, las ronchitas primero empezaron a perder el color rojo y la inflamación, para disimularse en el tono de la piel. En algunas partes todavía se perciben al tacto, como una rugosidad, pero prácticamente ya desaparecieron.
Volvemos entonces a la normalidad, ya ayer, por ejemplo, volvimos a hacer ABR, después de 15 días.

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