11/1/09

Palabras más, palabras menos.

Agustín y Manuel "Surfers de jardín"

Ayer tuvimos la visita de Manuel, uno de los mejores amigos de Agustín. La pasan muy bien juntos. Tienen una forma de ser bastante parecida, pueden estar horas jugando juntos.

Cuando lo lenvanté a Salvi de la siesta, lo llevé al patio y le dí la merienda allí, así estábamos todos juntos. Entonces Manu me preguntó cuántos años tenía Salvi.
-3 años.
-No tendría que ser de ése tamaño con 3 años.-dijo él.
-Todos somos diferentes, ¿no te parece?-le pregunté.
-Tenés razón, no todos somos iguales-dijo.
Y listo, eso fue todo.
Un adulto se hubiera empezado a enredar con las palabras. Que si decir "atrasado para su edad", que "retraso psicomotriz",... Ni hablar de nombrar la palabra "discapacidad", parece que es pecado!!!! Le empiezan a buscar la vuelta con "personas con capacidades diferentes".
Todos tenemos capacidades diferentes. Por más inteligentes que seamos, siempre habrá cosas para las que somos más hábiles que para otras.
Por mucho que me encante la cocina, sé que jamás llegaré a hacer los pasteles que hacía mi abuela cuando todavía los hacía. Por mucho que me esfuerce, no me sale decir "derecha o izquierda", tengo que pensar antes de hacerlo. Podría entrenarme años, y jamás ganaré una medalla dorada en ninguna disciplina deportiva.
¿Y qué?
Puedo seguir dando ejemplos horas y horas.
El hecho de decir que mi hijo tiene una discapacidad, no lo degrada un miligramo. Su esencia de persona no se ve disminuida por cualquier dificultad que él pueda experimentar para moverse, caminar o hablar.
El que no sepa caminar no borra el hecho de la fuerza de su alma. No me hace ovidar su sonrisa, su mirada o lo rico que huele.
Puedo darle el sentido religioso o metafísico que a cada persona mejor le acomode.
El hecho es que, como siempre digo, las palabras no nos pesen como carteles que llevamos colgados del cuello. Que las etiquetas que nos ponen o nos ponemos no nos dejen pensar en cambiarlas por otras, o que, directamente, nos saquemos las etiquetas y nos escapemos de los casilleros de una buena vez.
Aunque nunca llegue a tener la mano de mi mamá para cocinar, no voy a dejar de hacerlo. Nunca dejaré de sentir gusto por el arte, aunque por ahora sólo me dedique a enchastrarme con plasticolas de colores o masa de modelar de niños.
El que mi hijo tenga ciertos rótulos porque es imposible manejarse administrativa y burocráticamente sin ellos, no impide que sea todo "lo Salvi" que es.
Todos somos diferentes.
Fue suficiente para Manuel.
Para mí también.

4 comentarios:

  1. Los chicos son menos complicados que los mayores. Ellos los aceptan como son y les da igual. Me encantan las meriendas asì!!

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  2. Me encantó este post!! Una reflexión muy simple y a la vez muy profunda!!!

    Como siempre, estoy completamente de acuerdo! Nuestros hijos son ellos mismos por sobre cualquier etiqueta.

    Y si... para los niños es mucho más fácil!!! A mi siempre me preguntan si Rocío es bebé, muchas veces niños bastante más chicos que ella!!! Tal vez es más difícil para nosotros porque los niños hacen muchas más preguntas que los grandes, pero me parece bien!!! Eso es solo interés y cariño, solo que a nosotros nos cuesta explicar las cosas!

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  3. Así de simple y de cierto!!!!
    Cuántas veces nos complicamos sin sentido...
    Gracias por compartir esta reflexión y esta grata experiencia.
    Un beso
    Fabi

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  4. Cierto, muy cierto....los adultos somos los que nos complicamos queriendo buscarle el lado "normal" a todo... los niños son más puros, están dispuestos a dar su cariño...

    Un abrazo para tus peques...

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